domingo, 8 de febrero de 2009

La Formación Profesional es una alternativa a la sobreeducación universitaria

MADRID.- El desprestigio de la Formación Profesional (FP) es una de las causas del escaso interés que esta alternativa ha generado tradicionalmente entre los estudiantes con mejores expedientes académicos. Pero las cosas cambian, y esta tendencia, también.

Desde hace algún tiempo, los empresarios se quejan de la distancia abismal que existe entre la formación que la Universidad ofrece a los recién licenciados y las necesidades reales de las compañías.El abandono escolar temprano o la perpetuación en el sistema educativo durante años han sido, en opinión de los expertos, las dos opciones extremas que ofrecía el modelo español y que han agudizado el desajuste entre las cualificaciones y las demandas reales del mundo laboral.

Las críticas a lo que se conoce como «sobreeducación universitaria» coinciden con un resurgir de la Formación Profesional, que se revela como una opción con perspectivas interesantes, retribuciones más que aceptables y posibilidades de carrera que pueden beneficiar a los jóvenes, las principales víctimas de la actual crisis económica.

El informe Panorama de la Educación 2007 de la OCDE aplaudía el aumento de graduados universitarios en nuestro país, pero destacaba la falta de titulados en Formación Profesional: sólo un 36% de alumnos españoles elige esta opción, frente al 54% de la media de la UE.

La escasez de profesionales con FP no implica en modo alguno que haya que dejar de titular universitarios, según la OCDE, que añade que la Formación Profesional de grado medio sigue siendo una asignatura pendiente para el sistema educativo español. Y las buenas perspectivas y la cada vez mayor oferta formativa han favorecido que la Formación Profesional no se vea con malos ojos cuando se compara con el bachillerato, la vía tradicional para entrar en la Universidad.

En su informe Formación Profesional, una necesidad para la empresa, el Círculo de Empresarios explica que «nuestro patrón de crecimiento padece una pérdida progresiva de competitividad que no puede solucionarse con medidas parciales, sino que requiere una orientación hacia un modelo más moderno, dinámico y flexible». El estudio añade que la educación destaca como uno de los factores esenciales para mejorar nuestra posición competitiva a medio plazo, adaptándonos así a los condicionantes de un mercado global en el que la competencia por costes laborales no es una estrategia que podamos mantener.

La Formación Profesional es un elemento clave para conseguir un mayor nivel de cualificación y una mayor adaptabilidad a los cambios tecnológicos. Y tiene efectos indudables sobre la competitividad de una economía.

A pesar de las posibilidades crecientes y de la oportunidad que representa la Formación Profesional, los expertos no dejan de reseñar los obstáculos que se presentan en el camino de esta alternativa de formación. El Instituto de la Empresa Familiar (IEF) destaca en un reciente estudio sobre Crecimiento y Productividad que «a diferencia de los países más avanzados del mundo, la FP en España sufre un desprestigio crónico, que la convierte en una opción marginal dentro del sistema educativo».

Desde el IEF se insiste en que la experiencia internacional demuestra que ni siquiera el país con el mejor sistema universitario del mundo puede ser competitivo sin una FP de calidad, algo que no se logrará mientras tenga ese carácter marginal. «Para situar a la formación profesional en el lugar que le corresponde, se deben habilitar políticas que incentiven esta disciplina educativa como una opción válida a la hora de decidir, en el seno familiar, el camino a seguir en la educación de los hijos. Este objetivo no se alcanzará si no existe una dotación presupuestaria adecuada».

El último informe Crecimiento y productividad señala que «en 1990 el 65% de los estudiantes que decidían continuar con su educación tras completar la secundaria obligatoria elegían hacerlo en el bachillerato. Además, la mayor parte de este porcentaje no había elegido la FP como opción preferida, sino que se veía empujada a ella por unos malos resultados escolares. Este hecho no sólo influye en los expedientes académicos de estos estudiantes, sino que también incide en la motivación de sus profesores».

El IEF añade que es cierto que se está produciendo un cambio sustancial, y que en el periodo 2000-2005 el incremento de alumnos de FP, tanto de grado medio como de grado superior, ha sido superior al 20%. Pero España sigue alejada de la media de OCDE, en la que bachillerato y FP reciben la misma proporción de alumnos, el 50%.

«En países como Alemania, Francia, República Checa, Bélgica o Australia son una clara mayoría los estudiantes matriculados en el aprendizaje de un oficio. Para alcanzar la proporción de Alemania o Francia, sería necesario pasar de 450.000 alumnos de FP a 675.000», advierten los empresarios.

Al mismo tiempo, para mejorar su nivel, debería incentivarse la incorporación de estudiantes con buenos expedientes académicos.

El incremento de los porcentajes de estudiantes de FP registrado recientemente no se debe a un mayor reconocimiento social hacia esta enseñanza. Tampoco a la mejora de la calidad de los estudios ofrecidos. La causa es doble y no responde a un impulso en las políticas adoptadas:

Ha crecido la remuneración ofrecida. Al haber escasez de oferta de personas con titulaciones en FP ésta ha crecido por encima de la media del mercado. La desigualdad salarial por niveles educativos disminuyó un 5%. En algunas áreas los salarios de titulados en FP han llegado a ser superiores a los de titulados universitarios con similar experiencia. Además, también les resulta más fácil encontrar empleo (ell 71% de los graduados encuentra trabajo en menos de seis meses).

En 2006 había más de 24.000 extranjeros estudiando FP en España, una formación que cuenta con un elevado reconocimiento social entre los inmigrantes. El IEF destaca que «desde este punto de vista, hay que apostar por la FP como herramienta de integración de los inmigrantes».

De acuerdo con el Círculo de Economía, los centros de FP necesitan un mayor nivel de autonomía. Esta debe ir acompañada del establecimiento de mejores sistemas de control de sus resultados, que evalúen sistemáticamente de que manera influye en la incorporación de los estudiantes al mercado laboral.

Otra de las críticas recurrentes al actual sistema de FP es su aislamiento del resto del sistema educativo. A sus estudiantes les resulta prácticamente imposible incorporarse a la enseñanza universitaria o a las escuelas de negocio, lo que impide su desarrollo como directivos. Resulta fundamental cambiar esta situación creando «pasarelas» que la conecten con otros segmentos de formación.

LAS EMPRESAS PIDEN...

1.- Impulsar un pacto nacional para incrementar el presupuesto público destinado a educación en al menos una décima más que la variación anual del PIB.

2.- Establecer un sistema de premios a los mejores expedientes académicos universitarios.

3.- Aprobar un sistema nacional de apoyo a la realización de prácticas remuneradas de Formación Profesional en las empresas.

4.- Diseñar un plan de incentivos económicos por el que las familias reciban 1.000 euros de desgravación anual en el IRPF por cada miembro que curse estos estudios.

5.- Establecer por ley que los alumnos de bachillerato que suspendan más de dos asignaturas deban asistir a clase hasta julio y someterse a nuevos exámenes al final de este periodo académico.

6.- Incrementar el número de educadores de FP con dedicación parcial y experiencia profesional.

7.- Establecer mecanismos permanentes de evaluación de la Formación Profesional en términos de empleabilidad, salario y carrera profesional.

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